Los casos de la inspectora Castela



No te dejes engañar por su mirada dulce y serena, la inspectora Castela es toda un sabueso que te dejará en evidencia en cuanto menos lo esperes, y con la que nunca vas a saber por dónde va a salirte.

Pero ahora, además, se encuentra embarazada, y eso la hace ser más imprevisible si cabe. Así que no bajes la guardia o lo lamentarás.

Alexia Castela te sorprenderá en cada nueva aventura (y en este recopilatorio tienes once, nada menos), porque donde todos fallan, cuando parece que las alternativas y las opciones se acaban, ella es capaz de encontrar pistas y de no parar hasta dar con el culpable. La inspectora Castela se sale de los cánones de los detectives comunes, dulce cuando hay que serlo, implacable cuando las situaciones se ponen duras, sus andanzas te mantendrán pegado a tu lector de ebook desde el primer hasta el último párrafo.

Porque con Castela, casi nada es lo que aparenta.

Un lugar en el tiempo 2



El primer tomo de "Un lugar en el tiempo" vio la luz a principios de 2019. En junio de ese año, ya había empezado a realizar el segundo volumen. Sin embargo, han tenido que pasar más de seis meses para que todos los relatos de este nuevo recopilatorio (once en total) se publicaran. En todos ellos he intentado ser fiel a lo que caracterizaba el primer recopilatorio de micro-relatos, sin alejarme en todo lo que me fuera posible de esa atmósfera de apacible nostalgia y melancolía que la tienda "La Elegante" de Adela nos transmitía ya desde las primeras páginas del volumen anterior.

También he intentado ofrecer un paisaje variado al lector. En efecto, aquí encontrará relojes mecánicos y de cuarzo, personajes femeninos y masculinos, variopintas situaciones en donde se ha buscado siempre perseguir la cara humana, amable, simpática. Transmitir, en suma, una sutil sensación de plácida candidez en la cual cada persona tiene un papel importante, con sus peculiaridades y particularidades, sinsabores y amarguras.

Buscando siempre, como en la ocasión anterior del primer recopilatorio, que el lector se encuentre ante un relato que puede leer en cualquier situación y ambiente, de manera más o menos cálida y cercana, como si estuviera en familia con la protagonista de los mismos.

Un lugar en el tiempo



Tras su paso por Suiza trabajando para una de las más importantes firmas de relojería, Adela regresa a su antigua ciudad, a su barrio, a la tienda de su abuelo en donde vio nacer su pasión por los relojes. Pero la tienda se ha quedado estancada en el pasado, llena de viejos recuerdos y recluidos relojes que apuntan a unos años que no regresarán. Envuelta entre sus añoranzas, Adela encuentra allí el refugio de paz, soledad y tranquilidad que tanto buscaba, lejos del glamour de los grandes lanzamientos de las principales casas horológicas helvéticas.

Pero no está tan sola: la presencia de su abuelo, viviendo en su corazón con sus recuerdos, y los momentos en los que su tienda de relojería estaba llena de vida, la acompañan a cada instante. Y se encontrará, además, con mil y una anécdotas de estos "nuevos tiempos" tan difíciles tanto para el pequeño negocio como para la relojería tradicional.

En "Un lugar en el tiempo" Le Métayer nos invita a adentrarnos en nostálgicas historias, variadas situaciones de todo tipo que ocurren en un barrio cualquiera, de cualquier ciudad, donde la última tienda de relojes se resiste a desaparecer.

Policía Armada 2: Hijos del franquismo



El anterior volumen de "Policía Armada: la policía franquista", relataba historias de la policía de Franco y sus atropellos, pero desde un punto de vista un tanto incompleto, sin entrar a profundizar en las consecuencias de esos abusos y el auténtico calvario que suponía para las víctimas enfrentarse a sus consecuencias.

Asimismo, la historia de Esther y su Bultaco Lobito (perteneciente al relato "Hay que educarlas") captó pronto mi atención. Por ello, decidí elegirla para ofrecer una visión más completa, en donde se presentara toda la problemática de las salvajadas que se vieron en el primer volumen.

En este nuevo relato seguiremos, pues, a Esther, y seremos con ella testigos de primera mano de lo complicado que era ser mujer durante el franquismo, incluso en sus años finales, y más aún si se tenía que enfrentar a un embarazo. Nervios, soledad acuciante y desesperante, y todo ello en un entorno que no facilitaba la información, donde no existía Internet y lo único que las chicas de la época tenían para conseguir despejar sus innumerables dudas eran los libros de la biblioteca y, sobre todo, el "boca a boca" de sus amigas más cercanas, a veces tan llenas de dudas como ellas mismas, cuando no tergiversando - de manera inconsciente, por supuesto - la realidad, y solo contando con la experiencia de mujeres adultas que ya hubiesen pasado por ese drama o ya fuesen madres.



Por si todo eso fuese poco, encontramos también a todo un variado elenco de aprovechados, oportunistas y vividores que se beneficiaban de la desgracia de las jovencitas para su propio lucro o, simplemente, por satisfacer su líbido y darse placer. Sin querer o sin importarle, parte de la sociedad con sus tabúes y prejuicios los protegía, los permitía o, incluso a veces, los incentivaban. Frente a toda esa cohorte de legalismos, prohibiciones, desalmados y leguleyos, se encontraba una mujer menospreciada, minusvalorada y desprestigiada. Quizá, por fortuna, a las jovencitas de hoy les resulte demasiado difícil poder ponerse en su lugar, entender lo que aquellas auténticas víctimas del franquismo - mucho más, y con quizá más derechos, que otros a los que se les rinde hoy tributos y homenajes - tenían que padecer y soportar. Afortunadamente, decimos, la mujer de hoy, sofisticada y moderna, no se le suele amordazar tan fácilmente como antaño. Pero, aún así, queda todavía un largo camino que recorrer, baste solo echarle un vistazo a las numerosas víctimas de la violencia machista - mal llamada con la dulce y anodina palabra de "violencia de género", tan políticamente correcta que se usa por muchos gobernantes y textos de burócratas -, crecientes año tras año, para dejar en evidencia que todavía hay muchos resquicios en donde la mujer no tiene solo ni voz ni voto, sino que tampoco ningún aprecio o, siquiera, valor.

Junto a todo eso nos encontramos a la sociedad cerrada de la época, despiadada y llena de prejuicios y reparos de esa España reprimida y subyugada que, por desgracia, aún de muchas formas y subterfugiamente, todavía encontramos hoy.


Policía armada, la policía franquista



Te invito a hacer una reflexión y un repaso a unos tiempos que para muchos son ya muy lejanos y que otras generaciones ni siquiera han vivido, aunque sí hayan oído hablar. Una reflexión a través de historias utilizando a la Policía Armada como nexo común, para ver a través de ella una sociedad sofocada, presionada y atemorizada hasta límites en ocasiones impensables e incomprensibles.

Durante más de cuarenta años, y hasta la aparición del Cuerpo Nacional de Policía en 1975 y la posterior llegada de la democracia, la Policía Armada del régimen franquista subyugó a los españoles con mano de hierro. En los relatos que siguen queda bien patente lo difícil que era ser un buen policía en unos años en los que la corrupción, el abuso de las leyes y el poder, campaban a sus anchas.

Eran unos años de chulos, maleantes de todo tipo, pícaros y listillos, pero también de los primeros escarceos con los estupefacientes ante los cuales la policía de la época no estaba, ni muchísimo menos, preparada. Una policía corrupta, politizada, muy machista y tremendamente asqueada. Al policía no se le respetaba, se le temía. No se le pedía ayuda, sino que se le intentaba mantener lo más lejos posible, porque no podían hacer otra cosa que agravar las situaciones.

Aunque en estos relatos se suelen mencionar barrios obreros madrileños, en realidad son un reflejo y una mezcla de barrios de todo tipo, en cualquier población de aquella España castiza, miserable y rastrera que tantas veces idealizamos y que, por desgracia, a veces continúa tan vigente y con fuerza aún hoy, a pesar de toda la imagen de modernidad que se intenta transmitir de cara al exterior.

A día de hoy, las actuaciones de la Policía Armada descritas en este libro nos pueden parecer inadmisibles. Los medios de comunicación, los estamentos oficiales y, en general, desde todos los ámbitos educativos, se ha intentado inculcar al ciudadano un papel de policía valeroso, heroico y ejemplar, propiciado también por las películas de policías americanos. Pero sin embargo en muchos casos dista mucho de la realidad, solo hay que recordar los abusos de la policía estadounidense, o casos españoles como el de una mujer, que apareció en la prensa recientemente, que fue a denunciar un ataque del perro del vecino y poco más que la mandaron "a paseo".

Por supuesto no todos los policías son así, pero recordamos sus actuaciones que, con la excusa de hacer su trabajo y defender "la ley", cortan por lo sano y miden con el mismo rasero ante protestas, e incluso participando activamente en injustos desahucios de personas empobrecidas y sin medio de subsistencia alguno. El ciudadano que carece de medios económicos y no puede contratar eficientes bufetes de abogados, acaba indefenso y sin tener a qué recurrir. Ciertamente puede que sea el trabajo del policía, como en muchas ocasiones hemos visto a gánsters decir que también eran "negocios" sus sucios entuertos. Por supuesto, unos amparados por la ley, otros al margen de ella. Una ley que, en ocasiones, es más injusta que no tener ley, o que operar al margen, y por lo tanto sus ejecutores se convierten en los primeros desalmados, por mucho uniforme que vistan.

También hay policías honrados, que intentan aplicar la justicia y su sentido del deber; en estos relatos nos damos cuenta de ese contraste claramente. Por desgracia, hubo tiempos en que eran los menos, y se ponían en difíciles tesituras si no iban tras lo que dictase la corriente del mandamás de turno, llámese dictador, generalísimo o fuhrer.

Mientras haya un sistema judicial muy desigual según uno sea rico o pobre, una política partidista y una policía estatal o autonómica que sirva los intereses de su patrón y no del pueblo (por algo a la policía se les llama Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, y no "del Ciudadano"), siempre existirán abusos de autoridad, gente que tenga que callarse para no acabar marcada de por vida y, en suma, personas que usan el poder, legítimo o no, para denigrar, abusar, violar e incluso matar, en España y en otros países, bajo este y otro régimen político, enfundando un uniforme y portando un arma que sirve para eso: para quitar vidas, intimidar, y acabar haciendo unos actos que están al margen de la ley, cuando no claramente traspasándola, los que deberían ser precisamente adalides de esa ley.



Contenido de este volumen:

- Introducción
-- La Policía Armada y su tiempo
-- Mujer y sociedad
-- El hogar
-- La industria de la España en los sesenta
-- Marcas y productos de la etapa franquista.
- La ley de la dictadura
- Hay que educarlas
- Haciendo negocios
- Los bajos fondos
- Lo que ocurre en los calabozos
- El soplón
- Un coche por tu amor
- Estados de buena esperanza
- Una reparación fuera de lo común
- Liberar al rehén
- Haciendo de policía
- La travesura
- Un tipo con chándal
- El maltratador
- Fuera de jurisdicción
- Pelea conyugal
- Mujeres sólo para hombres acaudalados
- La feria y los feriantes
- La venganza se sirve fría
- No va más

Las armas de fuego en "Los casos de la inspectora Castela"



No me gusta que las armas de fuego tengan protagonismo, pero como en algunas ocasiones deben enfrentarse a tipos y situaciones enormemente peligrosas, algunos de mis personajes deben ir armados. No obstante, son muy puntuales las ocasiones en las que hacen uso de este tipo de armas, por ejemplo, vemos a Alexia Castela haciendo uso de su Glock en el episodio "El caso de los dos hombres de negocios", o a Celia haciendo uso de la suya en "El caso es que este caso no es para ti", dentro de "Los casos de la inspectora Castela".

En su trabajo de detective, como inspectora de la Policía Nacional española, Alexia Castela necesita un arma portable, fiable, fácil de camuflar y de llevar en cualquier sitio (y con cualquier indumentaria). Así que una de las mejores elecciones es la pistola subcompacta G27 de Glock. Es un arma de calibre 40 Smith & Wesson (40 S&W, 10 × 22 mm), su denominación proviene de las 0,40 pulgadas (10 mm) de diámetro de sus balas, que pueden variar de los 6,8 a los 13 gramos. Inicialmente este calibre fue desarrollado para las fuerzas del orden a partir del diseño de las de velocidad reducida de 10 mm. del FBI. El 40 S&W hizo su aparición el 17 de enero de 1990, con la nueva pistola de la casa, la Smith & Wesson Model 4006. Glock comenzó a adoptarlo prácticamente de inmediato en sus pistolas.

Tipos, formas y colores de uñas para personajes de mujer


Interesante el aporte de Bia Namaran, que ha realizado la traducción al español de la carta de colores de esmalte de uñas de la firma Cuccio. Además, la ha puesto a disposición de quien le interese en Mega. Si necesitas recurrir a un tono específico de color de uñas en tus personajes, esta carta es una herramienta imprescindible. Descarga cien por cien recomendada.

Bultaco y su lamentable final


Llevo unos días escribiendo y documentándome sobre la historia de la famosa y añorada marca de motocicletas Bultaco, en especial de dos de mis modelos preferidos, las Lobito y las Campera. Aunque hace poco unos inversores - algo que lleva algunos años muy de moda - han intentado recuperar su nombre para remarcar bicicletas eléctricas, y aprovecharse de su fama para tratar de venderlas, lo cierto es que Bultaco - la de verdad - lleva extinta ya muchos años, desde 1981, nada menos (bueno, en ese año solo lanzaron un modelo, así que "murió" mucho antes).

Mientras escribía sobre ella, me han resultado muy llamativas - salvando las distancias, claro - sus semejanzas con Casio, donde llegaron tarde y mal a los relojes inteligentes, y no supieron ver la que se les avecinaba. Tampoco es nuevo: algo similar ocurrió con Nokia. Bultaco era una marca muy exitosa, o relativamente exitosa, al menos. De hecho, en aquella España de los sesenta, no había mucho donde elegir en materia de motos: o una Sanglas, o una Montesa, o una Ossa, o una Bultaco. Poco más. Y todas, claro, de producción total y cien por cien nacional, casi hasta el último tornillo.